1 de octubre de 2015

Tarta aniversario de la Reina de Inglaterra

Algunas veces he subido fotos de tartas en las entradas del blog, pero esta en particular requería una mención especial, no solo por el tiempo inmenso de trabajo que nos llevó hacerla, sino por la de anécdotas del proceso.


Cuando nos llamaron pidiendo presupuesto para un evento tan importante como este, la celebración del cumpleaños de la Reina de Inglaterra, en la embajada británica en Madrid, lo primero que pensamos fue: menudo reto... ¡tenemos que hacerla!
Tras presentar varias opciones, se decantaron por la tarta de la corona sobre un cojín, completamente tallada, para 300 personas, la más compleja de todas.

Ni que decir que nos encantan los retos como este. A mi personalmente me gusta reproducir cosas reales en tarta. Soy de las que dibujo observando la realidad, me gusta ser precisa en medidas, formas y colores. Mi hermana sin embargo es más loca y se lanza sin pensárselo mucho, normalmente lo tiene todo en su cabeza, por lo que nos compenetramos bien en ese aspecto.
Para esta tarta nos tiramos unos días rebuscando varias vistas de la corona, y así poder ver todos los detalles.
Había que pensar en muchas cosas, no solo la estructura que tendría la tarta, sino todos y cada uno de los elementos que tiene un diseño como este: perlas, joyas, elementos de fondant grandes que deben estar duros para que no se vengan abajo... Y evidentemente, todo tenía que ser comestible, hasta el más pequeño detalle.


Al tener tantas joyas, nos decidimos por hacerlas con isomalt o caramelo. Algo que nunca habíamos trabajado, pero que nos parecía imprescindible en este diseño, ya que las joyas en fondant habrían deslucido un poco el trabajo final.
Nos encanta aprender nuevas cosas con cada tarta que realizamos, es por eso que siempre que nos piden una tarta exactamente igual a otra intentamos convenceros de, al menos, realizar pequeños cambios, ya que todas las tartas son personalizadas. No siempre lo conseguimos, pero que no digan que no lo intentamos.


La mayoría de la gente ve este tipo de trabajo como algo relajado. Nos imagin sentadas tranquilamente modelando y trabajando el fondant en completa armonía. Pero cuando te dedicas a esto y tienes que cumplir unos plazos de entrega, sumado a que trabajamos con productos perecederos y somos exigentes con nuestro trabajo, el estrés aflora hasta en los mejores momentos, más cuando trabajamos con familiares, que ya se sabe, donde hay confianza...

Pero si encima, durante el proceso de una de estas tartas te surgen montones de imprevistos, ya la tensión es máxima.
Imaginaros nuestra cara cuando una semana antes se nos estropea la Kitchen Aid, salen hasta chispas. Horror... un viernes, con un fin de semana de puente por delante. Viendo que la reparación no se haría en breve, nos toca compararnos otra mezcladora y cruzar los dedos para que llegue a tiempo.
No solo es el tiempo el factor de angustia, sino el monetario. Un gasto de este tipo significa no ganar nada a fin de mes. Pero no hay otra opción, raudas y veloces nos ponemos a buscar por Internet el mejor precio.
Como a todo hay que mirarle el lado bueno, de esta forma pudimos comprar la KA morada que quería en un principio. Teníamos planes de comprar otra cuando la economía lo permitiera, así que en lugar de darnos de cabezazos contra la pared, lo vimos como un regalo adelantado de reyes, pagado por nosotras mismas, eso sí.


No todo acabó ahí. Mientras estábamos horneando algunos de los bizcochos, se nos fue la luz general. No sabíamos que podía ser porque en dos años era la primera vez que nos pasaba. Intentamos volver a encenderla unas 5 veces y nada. Al final fuimos apagando uno a uno los distintos interruptores hasta que dimos con uno con el que la luz se mantenía y el horno seguía funcionando. Nuestra cara de espanto era para haberla grabado. Correteábamos por la tienda como pollos sin cabeza.


Y claro, bien es sabido, que cuando se utiliza algo nuevo, como es el caramelo o isomalt, tiene que haber imprevistos.
Yo no puedo con nada que esté mínimamente caliente, me quema cualquier cosa. Para todo tengo que utilizar manoplas, hasta para un café. Pero mi hermana es de la sangre del dragón, como ella dice, así que le tocó ponerse manos a la obra con las joyas.
Pues bien, no es tan de la sangre del dragón como ella se pensaba, porque cuando estaba haciendo una de las joyas grandes, tras mi insistencia en que la dejara más plana, apretó tanto, tan de seguido, que se pegó un quemón del 15 y al día siguiente amaneció con una ampolla gigantesca.
Menos mal que el resto de las joyas se realizaban en moldes de silicona, que si no se nos queda manca para el resto de la semana.


Lo primero que pensé fue en el carro que había que comprar para trasladar semejante tarta. Y menos mal, porque incluso llevándola en dos partes, casi no podemos con ella entre tres personas. Terminó pesando más de 50 kilos. Con el carro la pudimos transportar sin mas incidentes.

La tarta la colocamos en el salón de entrada de la casa, un lugar precioso y enorme, custiodada por dos figuras de la guardia real inglesa.
Le hice unas cuantas fotos en su lugar, aunque estaba a contra luz, porque en la tienda solo pude hacerlas estando desmontada. Menos mal que me llevé el trípode, ya que de otro modo habría tenido que utilizar flash y habrían quedado un poquillo feuchas.


Nos alegró ver que tanto al embajador como a su esposa les gustó muchísimo la tarta y hasta se plantearon no comerla.
Casi nos da un pasmo, ya que nos habíamos tirado horas y horas montando la tarta sin descanso para que estuviera lo más fresca posible.
Por suerte vimos más tarde que si se la comieron e incluso la sacaron al jardín para exponerla junto al escenario en el momento del himno.
Es cuando ves que tu duro trabajo tiene una recompensa, cuando a la gente le gusta tu trabajo, no solo visualmente sino que disfrutan del sabor y la textura.

 
Simon Manley, embajador británico en España
y su esposa María Isabel Fernandez.
La tarta la formaban dos partes en el cojín, de chocolate con naranja y de zanahoria con vainilla. La corona de chocolate con chocolate.
Las decoraciones las realizamos todas con fondant, isomalt y caramelo.
Las pequeñas gotas de caramelo eran cientos de ellas, al igual que las perlas. Perdimos la cuenta de las que realizamos y las que colocamos sobre la tarta.
Alguna decoraciones incluso las hicimos por duplicado, por si en el montaje se rompían.
Fue una semana entera solo de modelado y fabricación de las distintas decoraciones, donde la ayuda inestimable de nuestra mamá pinche, fue imprescindible, ya que había cosas tremendamente repetitivas y en tal cantidad, que de otro modo no nos habría dado tiempo a realizar.